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Miércoles, Dic 14 2016

Investigación destacada: Cuando el conocimiento indígena cura y previene las heridas de la guerra

Escrito por

Paola Jinneth Silva Melo fue una de las ganadoras del segundo reto periodístico CdR, Mujeres: historias de resistencia y construcción de paz. Su reportaje narra cómo desde la medicina ancestral, las mujeres ayudan a las víctimas indígenas del conflicto armado colombiano a recuperar su autoestima, a reconectarse con su esencia, con su territorio y con su comunidad. Consejo de Redacción la entrevistó sobre el proceso para construir este reportaje.

“Con rituales y saberes ancestrales las comunidades indígenas en Putumayo desarrollan procesos de sanación y perdón de las personas que fueron afectadas en el marco del conflicto armado. En esta región del sur del país hay un registro de 13.697 indígenas víctimas de la violencia”. Así inicia la investigación de Paola Silva quien narra las historias de varias mujeres en los pueblos indígenas del Putumayo, que por medio de los saberes ancestrales trabajan para la recuperación del tejido social. “Allí abuelas sabedoras, ‘taitas’ (médicos tradicionales) y profesionales en diferentes áreas, trabajan para complementarse y apoyarse en la tarea de lograr confianza, autoestima, tranquilidad y paz propia”.

“El saber está en el pensamiento, es el conocimiento que las comunidades han adquirido en permanente relación consigo mismo y con todo lo que rodea su territorio. Y para nosotros justo ahí está la sanación. No sirve atender a una víctima indígena o no, intentando sólo abordar los daños físicos o psicológicos. Para cualquier comunidad indígena estar sano implica estar en armonía en todo sentido”, Tania Laisuna, innovadora social del Colectivo Nuh Jay. (Extracto de la investigación)

Paola Silva le explicó a CdR el proceso investigativo, de reportería y el seguimiento de esta historia:

1. ¿Cómo llegó a la historia de estas mujeres? 

Creo que el periodista se escribe con los relatos que cuenta, y las historias se vuelven cadenas que te llevan a una y otra, que cual enamorado uno las sigue. Hace ya un par de años conocí a una mujer que me habló de su labor como eco-feminista. Su historia me permitió entrar a conocer un poco de las eco-aldeas, que parte de sus ideales responden a dinámicas y cosmovisiones de las comunidades indígenas. 

Esta historia me llevo a Putumayo, donde me quedé a conocer y me dejé enamorar de esas otras posibilidades de compartir, vivir y sanar por medio de los cantos, las plantas, la danza y una infinidad de expresiones generosas y desinteresadas que existen aún, a pesar del golpe tan grotesco que ha tenido la guerra en este departamento. Allí conocí esta red de hombres y mujeres con propuestas locales para afrontar las consecuencias de la guerra.

2. ¿Qué tipo de relación debe establecer un periodista con su personaje? 

Depende del personaje y el tema que se esté abordando. En esta investigación las personas hacen parte de un contexto local y cultural diferente al mío. Esto implica estar dispuesta a vivir, escuchar y comprender el pensamiento de los personajes para no estereotipar, como ha sido el caso de las comunidades indígenas con otredades: Lo otros, los diferentes, los extraños. 

El relato debe cerrar brechas, y para hacerlo es necesaria la vivencia. No cómo el observador y el observado, sino como un diálogo para el reconocimiento de otras formas de entender la vida misma. 

3. ¿Cómo fue el trabajo de reportería? 

Como es sabido, no siempre se puede vivir y acceder a los lugares donde suceden las historias, por eso varias de las entrevistas fueron con las mujeres en sus encuentros en Bogotá. Otras veces conociendo su trabajo en Mocoa, Putumayo, y otras sí afortunadamente vividas con un concepto de hacer trueque. 

Hacer periodismo en Putumayo es difícil por la nula financiación e independencia de los medios existentes. Entonces, haciendo alegoría al estilo de vida regional, se hace un tipo de trueque, yo aporto al registro fotográfico de los encuentros, y las organizaciones mismas facilitan transporte, alimentación y hospedaje. 

De esta forma se garantiza el diálogo directo con las protagonistas, aunque implica un esfuerzo extra. Cabe aclarar el tipo de relación no debe comprometer el enfoque del escrito, porque viene a ser una labor independiente, que no exonera del relato a quien apoya el trueque. No se hace publicidad, a menos que sea importante en la historia de las mujeres y ellas lo hacen saber.

4. ¿Cómo hacer un trabajo de seguimiento de las historias de estas mujeres? 

Lo ideal sería seguir en región, eso facilita la confianza del periodista y las mujeres, ya que muchos de los temas que esconden sus relatos son muy fuertes pero valerosos y dignos de contar. Detrás de esas historias están comenzando unas luchas muy pertinentes de registrar, en especial de las Mujeres pertenecientes a comunidades indígenas donde convergen dos visiones de mundo que empiezan a dialogar. Hay una lucha por restablecer derechos, visibilizar la mujer indígena en el conflicto, a los niños, niñas y jóvenes que quieren decirle no más a la violencia y de parir hijos para la guerra.

5. ¿Qué herramientas adquirió durante el Reto CdR? 

Creo que más que una herramienta, lo importante de narrar para la paz para la esperanza. De escuchar las voces del territorio y sus procesos.

Mamás, taitas, chamanes, sinchis, jaibanas, curanderos, hombres y mujeres medicina, se han encargado de mantener vivo. Esos conocimientos nos permiten reconectarnos con nuestra esencia, a través de sus ceremonias, de sus rituales sagrados, de sus danzas, de sus cantos, de sus mitos y leyendas, con el uso de una gran diversidad de plantas sagradas, como es el caso del yage, el tabaco, el mambe, el ambil, el aguacoya y muchas más”, Taita Alfonso, del pueblo Inga. (Extracto de la investigación)

Lee esta investigación aquí.

 

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