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Conoce la investigación: ‘El retorno es dignidad’, la historia de Olga Luz Betancourt
Viernes, 28 Abril 2017

Conoce la investigación: ‘El retorno es dignidad’, la historia de Olga Luz Betancourt

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Rafael Quintero, asociado CdR y periodista de la Unidad de Datos de El Tiempo, y el alemán Jannik Jürgens, periodista freelance, recorrieron las calles de Ciudad Bolívar, en Bogotá, para buscar historias de desplazados por la violencia. Esta investigación hace parte del proyecto ‘Punto de Giro: Colombia después del acuerdo de paz’.

Esta es la historia de Olga Luz Betancourt, una mujer que hace parte de las cinco millones de víctimas de desplazamiento forzado en Colombia en el año 2003. Actualmente vive en Bogotá, en la localidad de Ciudad Bolívar. El retorno es dignidad refleja el temor que tuvieron que vivir algunas familias colombianas, que como Olga, salieron de sus hogares obligados a asentarse en cualquier pedazo de tierra.

Con imágenes, videos y entrevistas los periodistas presentan esta investigación, en la que narran la vida de Olga, antes y después del desplazamiento. Desde el momento en que esta mujer salió con sus padres y hermanos de su finca, ubicada en El Castillo, en el Meta, hasta que llegan a la ciudad de Bogotá.

La tranquilidad de la naturaleza y el amor por la vida del campo nunca se han borrado de la mente de esta familia y esperan recuperar lo que algún día perdieron. “Mami que nos vamos a quedar aquí, nosotros nos tenemos que regresar, para enseñarle a los hijos. En 20 años ninguno va a saber cómo se cultiva una mata de plátano y eso se va a perder”, comenta Olga, en fragmento de video.

 

La verdadera unión, hace la fuerza

Luis Felipe Betancourt (padre de Olga), fue uno de los primeros habitantes de ‘El Castillo’, hombre apasionado por el campo y la política (pertenecía al partido político Unión Patriótica). Betancourt, en compañía de María Leonilde León, criaron a sus 7 hijos, en medio de cultivos de café, maíz, paseos al río y juegos al aire libre. “Lo más bello era el trabajo en familia. Los hermanos hacíamos de todo, recoger café, moler maíz para las arepas. Trabajábamos desde temprano y luego teníamos nuestra compensación. Los domingos podíamos ir al río a tomar un baño, o a un partido de fútbol”, fragmento tomado de la investigación.

Así recuerda su infancia, en un ambiente tranquilo, en el que todos eran amigos y las fiestas de fin de año. Aunque todo era alegría, Olga no dejaba a un lado la política (tenía las mismas pasiones de su padre) a sus 15 años era muy atenta a los hechos y seguía las noticias alarmantes sobre asesinatos a líderes políticos de la UP.

‘El Castillo’: huir o morir

La violencia llegó a El Castillo y a su paso se llevó a miles de familias que vivían en este territorio. Asesinatos y desplazamientos eran las palabras que sobresalían en ese entonces. Junto a Olga, huyeron 4.863 personas, apagando aquella luz de tranquilidad que rodeaba al pueblo.

Los Betancourt esquivaron la muerte y llegaron a Villavicencio, pero la violencia los siguió hasta ahí. Nuevamente les tocó salir y llegaron a Bogotá. Los cambios empezaron a ser visibles para esta familia campesina. Luis Felipe (padre de Olga) entró en depresión y no resistió.

Olga decidió ir más allá, buscar nuevas alternativas que le ayudaran y la motivaran en su condición de desplazada. Encontró la Asociación Nacional de Desplazados en Colombia (Andescol), de la que actualmente es la directora. Desde ahí ha emprendido un proyecto, que tiene como objetivo lograr que la comunidad retome las tierras de las cuales tuvieron que salir. “Queremos estar preparados para que el día que abran convocatorias para acceder al Fondo de Tierras nosotros tengamos ya la gente. Tenemos que organizarnos para ese momento”. Texto tomado de la investigación.

Esta mujer piensa seguir adelante, pese a las dificultades que se puedan presentar; “si uno contribuye a la construcción de la paz, no puede tener miedo que la guerra le arrebate la vida”, concluye Olga en video.

 

Rafael Quintero, asociado CdR y periodista de la Unidad de Datos de El Tiempo, habla de su experiencia en el Proyecto Punto Giro y describe la relación que debe tener el periodista/protagonista en las investigaciones:

¿Qué los motivo a contar la historia de Olga Luz?

Que tiene un perfil diferente a todas las víctimas. Cuando se nos plantea el tema para Punto de Giro, que era desplazamiento forzado y como centro la capital, hubiese sido fácil la típica historia de desplazamiento forzado; contar sobre una persona que llegó con su familia y que pide ayuda. Esas son historias valiosas pero que han estado registradas en medios. A nosotros nos llamó la atención que Olga está buscando el retorno a su pueblo y está liderando a través de una fundación, con mucho esfuerzo, un programa que busca que las personas desplazada de donde ella es (El Castillo) regresen a su territorio, vuelvan a construir, a hacer vida y retomen ese pasado campesino que tenían.

Ese solo hecho, sumado a que es una mujer sola, que con su hija, con su familia, se capacitó y no se quedó en el tema de que "soy una víctima, que pobre de mí". Sino que estudió y logró superarse, hasta convertirse en una líder.

Nos llamó muchísimo la atención porque era un perfil de una mujer empoderada, una mujer fuerte que rompió con ese cliché de medios de la víctima pobrecita, esta mujer al contrario es fuerte, arrolladora, con un carácter muy recio. 

¿Qué tipo de relación debe establecer un periodista con el protagonista de la historia?

En el caso de Olga, tuvimos que ser muy discretos. Digamos que logramos ganarnos su confianza, que ella supiera que éramos personas confiables, llegarnos a enamorar del protagonista...me explico: lograr que las personas nos cuenten lo que queremos, que nos acojan.

El reto era estar tres días en su casa, siguiéndola, encima de ella todo el tiempo, no digo las 24 horas porque era imposible, pero sí gran parte de la mañana y gran parte de la tarde, fueron tres días, incluidos los días del acuerdo, en el teatro Colón. Entonces, era estar hora tras hora, al lado de una persona naturalmente desconfiada que cree que en cualquier momento le puede pasar algo, que la están persiguiendo, que tiene miedos. Además, de que estaban asesinando líderes sociales en ese momento, estaban empezando a revelarse los primeros crímenes, los primeros que salían a la luz, a propósito del Acuerdo. Entonces había miedo y ella estaba asustada de mostrarse. Logramos convencerla mostrándole que éramos profesionales, que estábamos haciendo un trabajo serio y que éramos personas confiables.

Conseguimos enamorarnos del personaje, sin decir "este personaje es perfecto, es genial o maravilloso", sino manteniendo los matices de que es un ser humano con cualidades, defectos, con grises. Finalmente, alcanzamos una relación cordial de confianza, pero manteniendo cierta distancia.

¿Cuál fue el aporte del periodista extranjero a la investigación?

Eso fue muy interesante. En los años que llevó como periodista, he ido varias veces a Ciudad Bolívar, a la zona donde viven la mayoría de desplazados en la ciudad. Jannik, al conocerlo, se sorprendió demasiado, empezaba a buscar miradas, rostros, calles, historias, que uno por la rutina no capta, no tiene presente, pero él, cómo lo veía por primera vez, lograba sacar datos e historias de su propia sorpresa, de la capacidad de asombro que uno como periodista colombiano enfrentado a esto ya perdió.

Ellos nos aportaron a nosotros la capacidad de asombrarse de nuevo con una realidad y con unas historias que uno ve todos los días, porque para ellos es muy difícil encontrarse con esta realidad en Alemania o en Francia. Esta experiencia nos hizo recuperar la capacidad de asombrarnos de nuestra propia realidad.

¿En qué contribuyo el ‘Proyecto: Punto de Giro’ en su labor como periodista?

Es una de las cosas de las que más me siento orgulloso de haber participado. A mí el producto me pareció maravilloso, es la primera vez que logramos hacer una narración diferente, usando formatos distintos, tratando de reemplazar herramientas o formas de verlo, alternar imagen con audio, videos, galerías de fotos, contextos y armar todo eso para que a través del scroll la persona contará la historia.

Esta experiencia nos abre la mente a nuevas formas de narrar y a ser más delicados con el material, por lo menos aquí se trabajaba como sí se estuviera haciendo un documental. Uno a veces como reportero, solo va y coloca el micrófono en la boca y arranca. Aquí aprendimos el cuidado con los planos, con el sonido, a trabajar casi en un nivel documental de realización. Fue muy enriquecedor, porque uno no tiene una óptica o esa mirada de tratar de hacer productos depurados.

Finalmente, logramos una camarería muy interesante con una cultura absolutamente opuesta a la latina. Digamos que contribuyó en que me lleno de felicidad cada vez que entro a la página de Punto de Giro. Eso ya es una ganancia en una profesión, y en un tema tan complicado como este.

Conoce la investigación completa aquí.

 

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Modificado por última vez en Lunes, 31 Julio 2017 16:00

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