Es imposible llevar una vida normal en el Nordeste antioqueño
Viernes, 28 Septiembre 2018

Es imposible llevar una vida normal en el Nordeste antioqueño

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Las comunidades indígenas y campesinas en el Nordeste antioqueño también sufren debido a la aparición de nuevas bandas criminales que surgen por el vacío que dejan las Farc en tiempos del posconflicto. Pese a la creación de refugios humanitarios, la población sigue afectada por la violencia y el abandono nacional.

El Nordeste antioqueño está ubicado sobre el margen oriental de la Cordillera Central y al suroeste de la serranía de San Lucas en el departamento de Antioquia, la zona es extremadamente rica en producción minera y maderera. Pese a todas estas riquezas, las comunidades que habitan la zona viven en situación de pobreza y marginalidad. Abandonados por el gobierno, carecen de servicios básicos como agua, electricidad, salud y educación.

"La situación está por mejorar" era la afirmación que se escuchaba hace dos años, cuando el expresidente Santos firmaba, finalmente, el Acuerdo de Paz alcanzado con la exguerrilla de las Farc en La Habana, pero realmente poco cambió. No solo sigue el abandono, sino que también, las comunidades deben enfrentarse a múltiples grupos criminales que buscan fortalecerse con el control de la región a la fuerza.

 

Las amenazas son comunes, los asesinatos están a la orden del día. 

Se expande la presencia del ELN en la zona, y los combates entre esta guerrilla y nuevas bandas criminales son comunes. Foto: VerdadAbierta

Un reciente informe del Sistema de Alertas Tempranas de la Defensoría del Pueblo advierte sobre la expansión de dos grupos armados ilegales en zonas del Nordeste antioqueño dominadas en el pasado por la desmovilizada guerrilla de las Farc, los "Gaitanistas" y el "ELN". Tan preocupante fue la situación, que la Defensoría del Pueblo emitió la Alerta Temprana número 052 de 2018 el pasado 14 de junio, donde evidencia la crisis humanitaria en la región a causa de la disputa territorial entre los grupos armados y donde realiza las recomendaciones pertinentes en materia de prevención y protección.

Se está alcanzando el punto de una confrontación abiertamente armada entre la guerrilla del ELN y las Autodefensas Gaitanistas en zonas habitadas, que ya sufren de los "peajes" instalados por grupos armados que restringen el paso e imponen toques de queda y pago de aranceles para mercadear.

 Según reportes del SAT de la Defensoría del Pueblo, desde el 1 de enero de 2017 hasta el 1 de marzo de 2018, 106 personas quedaron en condición de desplazamiento forzado en el municipio de Remedios mientras en la localidad de Segovia ya suman 361 víctimas de este flagelo.

Como defensa, se han creado los refugios humanitarios de paso, que son comunidades donde se concentran los campesinos para evitar el abandono masivo de las tierras. Actualmente existen tres refugios: Vereda Carrizal, Vereda Lejanías y Vereda Camelias. En ellas, los recién llegados pueden trabajar y autosostenerse. Sin embargo, el Gobierno Nacional no reconoce estos refugios.

Foto: Entrega de viviendas a indígenas en Dabeiba. Vereda El Pital. Edwin Bustamante

La situación presenta complicadas aristas que pueden ser difíciles de comprender para quienes no viven en la zona afectada. Por esto quisimos entrevistar a Bibiana Ramírez, periodista de la Agencia Prensa Rural, que ha dedicado gran parte de su trabajo a la investigación y reportería de las situaciones de violencia generadas por grupos armados y es autora de esta investigación.

¿Cómo difunden los periodistas las noticias que se reciben de áreas que se encuentran bajo control de los grupos armados?

Lo primero que hay que hacer con la información que llega desde las regiones es verificar los hechos y los datos, porque muchas veces las organizaciones sociales en el afán de difundir rápido la noticias cometen muchos errores que pueden ser graves para las comunidades. Normalmente las organizaciones envían alertas tempranas, denuncias y nosotros lo que hacemos traducirlas a lenguaje periodístico y luego publicar en nuestras páginas.

Eso en primera medida cuando la información es inmediata. Por otro lado se busca la posibilidad de viajar al lugar donde están sucediendo los hechos para hacer investigación más profunda y ver de cerca la realidad que está viviendo la gente, poder hacer entrevistas y permanecer por unos días en el lugar para ver sus dinámicas.

 

¿Cómo podemos, desde el periodismo, ayudar a que se cumpla el acuerdo de paz?

Esa es una pregunta que debimos hacernos todos los periodistas desde el inicio del proceso de paz. Los medios se quedaron con las fuentes oficiales, con la información desde La Habana, pero poco se hizo desde los territorios, que al fin de cuentas eran los que se iban a beneficiar con el acuerdo. Nosotros mismos los dejamos abandonados y lo que está viviendo la gente en el campo es complejo, la dinámica de guerra sigue y con más fuerza sobre todo en las regiones donde estaban las FARC-EP, porque en su gran mayoría se cumplía lo que ellos decían y la gente no tenía problemas, como estar en la junta de acción comunal, ir al convite, acatar las normas de convivencia, entre otros, pero ahora ya nada de eso existe y las comunidades aún siguen abandonadas, los líderes tienen miedo, la gente ya no se quiere organizar en nada.

Nuestro papel es ir, ver, escuchar y luego contar, hasta los lugares más recónditos. Creemos que debemos asumir de veedores ya que tenemos las herramientas para denunciar. Por ejemplo dónde ha quedado el dinero de la paz porque desde hace meses el gobierno ha dicho que no hay presupuesto para reparar a las víctimas, o las obras de infraestructura que ya debieron iniciar tampoco se han visto, los excombatientes no tienen las suficientes garantías para la reincorporación. Todo esto debe ser objeto de análisis y de investigación y no quedarnos haciendo periodismo desde los escritorios.

Cientos de mineros artesanales también se ven afectados por los choques entre grupos armados ilegales. Foto: Ricardo Cruz

¿Es justo que se hable de posconflicto? ¿Por qué no se logra alcanzar una paz verdadera?

No creo que se deba hablar de posconflicto, sino de posacuerdo. El conflicto continúa así las FARC hayan entregado las armas. Incluso se ha agudizado, los grupos paramilitares se han fortalecido y han entrado a regiones donde antes no lo podían hacer, los cultivos de coca, el extractivismo, la corrupción, la pobreza aumentan y así es muy difícil que se logre la tranquilidad en el campo. Es evidente que los intereses particulares están por encima de los generales. No se combate a los grupos paramilitares que fue una de las principales exigencias de la exguerrilla y aún hay apoyo de la fuerza pública para que estos sigan operando y lo ve la gente en sus territorios, pero la gente tiene miedo a hablar, a denunciar porque ese también es el modo de operar, generar miedo para poder dominar. Si se sigue negando que existen estos grupos o que no hay conflicto, no se podrá lograr esa paz.

¿Cuáles fueron los principales retos al cubrir esta historia?

Conozco la región del nordeste hace varios años y se de sus dinámicas tanto en la guerra como en el posacuerdo, también tengo bastante relación con las comunidades. Las organizaciones sociales que allí hacen trabajo como Cahucopana, venían denunciando las irregularidades que se estaban presentando en los caseríos, las violaciones a los derechos humanos y los asesinatos. Remedios es uno de los municipios priorizados en el acuerdo de paz, allí hay un Espacio territorial de capacitación y reincorporación, entonces mi necesidad es hacer seguimiento de cómo se van transformando estos territorios y me encuentro con que el panorama no es alentador y creo que eso lo debe saber la gente, sobre todo en las ciudades donde no se enteran qué sucede en el campo, donde creen que el acuerdo no fue con ellos.

Lo principal aquí fue visibilizar unas problemáticas de las que los medios tradicionales no se inmutan por contar, además porque es un momento coyuntural importante para el país.

Los ciudadanos añoran una vida tranquila, donde las caravanas en honor a los asesinados sean cosa del pasado. Foto: IPC

¿Qué recomendaciones harías a los equipos de trabajo que están próximos a desarrollar investigaciones en zonas complejas?

Los primero es informarse muy bien de la región, la historia, la actualidad, sus gobernantes. Luego dejar el miedo en la casa porque a estos territorios es necesario entrar con tranquilidad para que sea más fácil que las comunidades cuenten las historias o las problemáticas.

Ser muy cautos con las personas que se entrevistan, que no sea en lugares muy públicos, cuidar su identidad y sus datos porque todo el tiempo están siendo vigilados pro grupos armados y después pueden tomar represalias contra la gente.

No comprometerse con cosas que no se puedan cumplir. En los territorios la gente está esperando que todo el que llegue trate de resolver los problemas y ven una esperanza en quien va a escucharlos, ser sinceros y dejar claro hasta dónde podemos aportar nosotros como periodistas.

Sin duda son muchos los problemas que plagan la región, es por esto que es importante difundir el conocimiento sobre los abusos que están sucediendo y sobre la negligencia por parte del gobierno  de las autoridades competentes por ofrecer una solución a los ciudadanos que habitan la zona.

Puedes leer la investigación completa por aquí

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Modificado por última vez en Lunes, 19 Noviembre 2018 22:24