“Si no estás dispuesto a sentir en el interior el dolor de las víctimas, no vas a poder transmitir con decencia”: Gervasio Sánchez
Miércoles, 06 Diciembre 2017

“Si no estás dispuesto a sentir en el interior el dolor de las víctimas, no vas a poder transmitir con decencia”: Gervasio Sánchez

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Ha sido testigo de decenas de guerras del siglo XX en América, Europa, Asia y África, las ha documentado a través de la fotografía. Hoy sigue registrando las consecuencias de los horrores cometidos en el pasado, contando las historias detrás de las cifras, entendiendo la complejidad del corazón humano, y descubriendo realidades invisibilizadas por las dinámicas consumistas de la sociedad actual.

“La guerra no se puede contar. Da igual lo fina que tengas la capacidad analítica. Lo bien que puedas encuadrar o enfocar. Lo bien que seas capaz de entender lo que está pasando, porque la guerra no dura un fotograma, no dura una crónica, no dura un párrafo, no dura un travelling, dura 24 horas de un día, de muchos días, de muchos meses, de muchos años, muchas veces de muchas décadas”.

Gervasio Sánchez lleva más de tres décadas documentando la guerra y sus consecuencias. A mediados de los años 80, cuando aún estaba estudiando periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona, este cordobés ya empezaba a interesarse por el conflicto armado en latinoamérica: Guatemala, Nicaragua y El Salvador.

Se unió como voluntario a ‘Amnistía Internacional’ a los pocos semestres de empezar a estudiar, y allí le fue asignada la tarea de escribir un resumen de un reporte sobre desaparecidos en Latinoamérica. En la lectura e investigación sobre los conflictos en un continente ajeno al suyo, Sánchez encontró la necesidad de narrar esas historias, indagar más sobre ellas, y transmitirlas de una manera más contundente. “Cuando yo era muy joven y empecé periodismo, tenía el sueño de que mi trabajo sirviera para cambiar algo, para mejorar la percepción de los ciudadanos sobre lo que pasaba fuera del conflicto”.

La urgencia por entender el conflicto y narrar las historias lo llevaron a otro lado del mundo. “Desde 1984 cubrí por primera vez el conflicto de El Salvador, Nicaragua y Guatemala, y desde entonces prácticamente mi vida ha circulado por los escenarios más brutales del mundo, donde he visto las cosas más inimaginables, incluso en Colombia”.

Ya han sido más de 30 años, en los que ha documentando a través de su cámara la mayoría de conflictos armados en América Latina, La Guerra del Golfo, desde 1984 a 1992, la Guerra de Bosnia, y los conflictos derivados de la fragmentación de la antigua Yogoslavia, Kosovo, Sarajevo; ha estado en Ruanda, en Sierra Leona, en Somalia, en Afganistán, en Cambodia, entre otros; siempre buscando las historias detrás de las cifras.

 

“La guerra se acaba contando lo que en las víctimas se presenta con números. No son sólo números, son historias inconclusas, cada persona que muere en una guerra deja una historia inconclusa. El día en que los periodistas presentemos a las víctimas como historias inconclusas con nombres y apellidos, las cosas van a cambiar. Mientras sigamos viendo la guerra como un misterio de números las cosas no van a cambiar. Por eso yo insisto mucho en que es muy importante ir a los sitios y ver las cosas con tus propios ojos. Los periodistas ahora viajan cada vez menos, creen que porque tienen una tablet o un ordenador ya están viajando, ya están entendiendo”.

Y aunque para este fotorreportero español las cifras sólo sean la punta del iceberg del sufrimiento y la condición humana, cuando se trata de historias, él piensa que estas deben ser profundas, deben ir más allá de la inmediatez, por eso en su cabeza tiene un calendario lleno de ‘juegos de cifras’, como él mismo lo llama, en el que hace cuentas, y planea cuándo será el lanzamiento de sus futuros trabajos, conectando fechas con guerras. “El próximo trabajo de desaparecidos* lo voy a lanzar el 18 de julio año 2036, en la conmemoración de los 100 años guerra civil española”.

‘Vidas Minadas* 20 años’ también ya tiene fecha de lanzamiento, y no es tan pronto como para correr detrás de las historias, pues Sánchez está convencido que “el periodismo debe ser reposado, debe ser en profundidad, debe intentar hacer las historias bien, que los ciudadanos sepan más de lo que se está viviendo de lo que sabían cuando empezaron a leer. Hoy en día en la web se está batallando por la publicidad, ellos quieren que más gente lo vea, sin importar la calidad del contenido, eso entra en contradicción seriamente con el periodismo. En la web se hace todo como si fueran rosquillas, como si fueran churros, pocas veces con la calidad que se merece cada historia, como si fuera fábrica de tornillos”.

Estas contradicciones son mortales en la búsqueda de las múltiples verdades humanas que esconden las cifras que dejan las guerras, para Sánchez, esta búsqueda es la gran misión del periodismo. Crear contenidos con la rapidez que demanda el medio hace perder la esencia de la historia, la conexión con las personas, el seguimiento, y al final puede llegar hasta a revictimizar a aquellos que han sido testigos de las atrocidades del conflicto armado.

“Yo no soy un pacifista, yo soy un periodista que va a las guerras e intenta mostrar con coherencia, sobretodo con dignidad, a las personas que sufren, así mostrar las consecuencias de la guerra. Es muy difícil que tu trabajo, por muy bien que lo hagas, pueda cambiar las cosas. Yo hago este tipo de trabajo para salvaguardar la consciencia. Yo sé que claramente nadie me va a poder decir que no sabía lo que estaba pasando. Lo sabía porque lo mostré”.

El tiempo es esencial para Gervasio, la paciencia y la cercanía con los personajes de sus historias es lo que en verdad dan alma a una fotografía, a una crónica. Él se revela en contra de la generalización, de la inmediatez, pues, cuantificar una guerra es parte de la táctica para que duela menos, para que se normalice en la sociedad: “una de las estrategias de guerra es deshumanizar al enemigo, para permitir que los crímenes que luego se hagan con el otro sean más aceptables”. Así, Sánchez afirma que es tan culpable el que actúa, como el que voltea la cabeza y no hace nada. “Una sociedad mejora si sana, y sana si la sociedad acepta las responsabilidad”. 

 

Este fotógrafo de guerra se ha vuelto tan cercano a los personajes que ha retratado que hoy son su familia, y el símbolo de que una guerra no termina porque se firme un acuerdo de paz. “Una guerra no termina cuando Wikipedia dice”, superar las consecuencias de un conflicto armado puede tomar años, décadas. Por eso su agenda está tan ocupada de sueños a largo plazo, para él es necesario contar las historias cinco años, 10 años, 20 años después.

Aunque las razones por las que los hombres se matan entre sí aún permanezcan desconocidas para este reportero; el periodismo para él siempre ha sido una forma de contrapoder, de evitar la manipulación, por eso no le importa la polémica, siempre ha sido un poco “tocanarices”, independiente, y rebelde frente a los tiempos que exigen los medios. Le parece esencial retratar la guerra para mirar hacia el futuro, y ha encontrado sus propias maneras de contar las historias para que no se olviden, contar “historias que digan más sobre el conflicto y sus consecuencias de lo que dicen los políticos, los expertos, los académicos”.

Contar las historias desde el corazón, y desde la humanidad de quienes han vivido el conflicto es su forma de sanar esas marcas que han dejado tantos años de horror, en vez de ir a psicólogos y psiquiatras, él ha encontrado la esperanza en las mismas vidas que han sido destrozadas por la guerra, como muchos otros reporteros de guerra que “mueren buscando luz en el lado más oscuro del corazón”.*

“Cuando veo algo como que a una niña la están intentando echar en una fosa, aparte de hacer mi trabajo, que es intentar entender, y poner en un encuadre qué es lo que pasa, aparte de intentar soportar o superar lo que ocurre, yo hasta el momento no he encontrado la fórmula para que esto no me afecte, de hecho digo con total claridad que si no estás dispuesto a sentir en el interior el dolor de las víctimas, no vas a poder transmitir con decencia. No importa las fotos buenas que hagas, lo bien que te veas en la tele, lo bien que escribas, lo buena que sea tu voz radiofónica. Para transmitir con decencia hay que sentir el impacto directo de lo que es el dolor en tu interior. Algo de ti debe morir para siempre en cada historia”.

 

Mira aquí el documental sobre el trabajo de Gervasio Sánchez: 

 

*Vidas minadas es el trabajo fotográfico del cordobés Gervasio Sánchez, en el que retrata las consecuencias de una de las armas de guerra más terribles, las minas antipersona. El trabajo fue realizado en varios países del mundo, incluido Colombia. 

*Desaparecidos es el trabajo de Gervasio Sánchez  que retrata el drama de la desaparición forzada durante conflictos armados en países de América Latina, Asia y Europa. El epílogo está dedicado a los desaparecidos en España.

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Modificado por última vez en Jueves, 07 Diciembre 2017 18:32