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Córdoba

Unión como alternativa de progreso

por: Blanca Berrío, Shirley Nuñez, Lina Álvarez, Julia Arroyo

Las ganas de salir adelante fueron el motor que impulsó la unión de campesinos, desplazados y ex cocaleros víctimas del conflicto, quienes no se limitaron por su condición y empezaron a soñar con tener un proyecto de vida desde lo legal.

En los municipios de Tierralta, Valencia, Puerto Libertador, San José de Uré y Los Córdobas, grupos de familias, se organizaron para aprovechar los programas que ofrece el Estado a las poblaciones vulnerables con el fin de seguir recuperando territorios influenciados por el conflicto y la ilegalidad.

Dulce estabilidad

Poco a poco, tras el proceso de Familias Guardabosques, 23 hogares de Alto Quimarí y Botella, veredas ubicadas al suroccidente de Tierralta, se le apuntaron a la producción de miel. 

Ellos hacen parte de un grupo de 135 hogares que vieron en la apicultura una alternativa rentable y legal de sostenimiento familiar, dejando a un lado la estigmatización de estos pueblos históricamente azotados por la violencia y arrojados al negocio de la coca por las pocas posibilidades de empleabilidad en la zona.

Para que el sueño se solidificara, el Estado ayudara a consolidarlo y organizaciones no gubernamentales también se animaran a apoyarlos, vieron la necesidad de conformar asociaciones. Es así como en Tierralta se constituyeron la Asociación Activa G-10, que reúne a 28 productores; Eco de Colombia, integrada por dos productores; Abejas y Mieles que la conforman 47 miembros; JAC Corregimiento de Crucito, con 35 productores y Asocomunialsi, integrada por 23 familias.

Entre todos los productores tienen 2 mil 848 colmenas que producen al año cerca de 120 mil 39 kilogramos de miel de abejas, lo que corresponde, según la Unidad de Consolidación Territorial,  (UCT) al 45% de la producción de miel en el Departamento.

La Asociación de Comunidades Unidas del Alto Sinú (Asocomunialsi) es ejemplo de perseverancia, de que se puede optar por la legalidad y hoy ya están viendo resultados. Con apoyo de la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (Unodc), fortalecieron la parte organizativa, financiera y estructural, y el Gobierno colombiano también los apoyó con recursos y capacitaciones.

José Hernández Garcés, presidente de Asocomunialsi, explicó: «El Departamento para la Prosperidad Social (DPS) nos dio la dotación de equipos de protección, botas y caretas para el manejo apícola. Aplicamos a una convocatoria de Oportunidades Rurales, nos capacitaron, calificamos y nos favorecieron con cuarenta millones de pesos, nosotros pusimos cuatro millones, todo eso ayudó a fortalecernos».

Recientemente, el Programa Presidencial Colombia Responde los benefició con cerca de ocho millones de pesos con los cuales adquirieron quince colmenas más. Hoy esta Asociación pasó de tener 115 colmenas, con las que iniciaron en 2013, a 230 con las que ahora producen al año 15 mil 804 kilogramos de miel.

El caucho erradicó a la coca

En 1998 llegaron los cultivos de caucho a San José de Uré, como consecuencia de un proyecto exitoso que se había ejecutado con ayuda del Gobierno en la vereda Santa Clara, Tarazá (Antioquia). Se creó la Asociación de Caucheros de Uré (Asocur) que estableció 2 mil 500 hectáreas de caucho en esa localidad.

Asocur llegó a tener gran impacto en la población porque recibió ayudas internacionales como la de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo, (Usaid). Luego la Corporación Autónoma Regional de los Valles del Sinú y San Jorge (CVS) apoyó un proyecto de mil 500 hectáreas en la zona.

Actualmente de las 4 mil hectáreas que iniciaron con la siembra en el municipio de Uré solo quedan mil 300 hectáreas de caucho, de las cuales 600 están en su etapa productiva. El resto quedaron en el camino por la falta de compromiso de las comunidades que solo vieron en este cultivo una oportunidad fugaz para acaparar recursos del Gobierno, más no para establecer una línea productiva.

En el año 2006 Tulio Valderrama Mercado, alcalde de Puerto Libertador, gestionó un proyecto ante la Fundación Panamericana para el Desarrollo (Fupad) y consiguió 750 hectáreas para Puerto Libertador. De acuerdo con ex cultivadores de coca, en ese tiempo esta localidad estaba invadida en un 90% de cultivos ilícitos. Sin embargo, había una región menos afectada por este flagelo, que correspondía a los corregimientos Nueva Esperanza y Pica Pica, y fue allí donde se estableció el cultivo de caucho.

Ante tantos problemas que generaban en la zona los cultivos ilegales por el derramamiento de sangre, las aspersiones aéreas y la contaminación, las mismas comunidades pedían la erradicación. Esta situación hizo que el caucho comenzará a tomar fuerza en las poblaciones de Corozalito, la zona de Juan José, El Terminal, Puerto Belén y la comunidad de El Brillante.

«Previo a la erradicación, se hacían reuniones privadas con la comunidad para que  informara la ubicación de la coca y posteriormente el Estado enviaba a los encargados de limpiar las tierras de cultivos ilícitos. Al ver la zona militarizada las bandas criminales, dueñas del negocio de la droga, se marchaban», sostuvo un beneficiario de los proyectos.

Es así como se establecen asociaciones como Ascap (Asociación de Caucheros Agropecuarios de Puerto Libertador) que desde el 2008 viene creciendo con el cultivo de caucho. Su presidente Jaime Díaz, aseguró que ha sido una experiencia exitosa, ya que actualmente cuanta con 651 hectáreas y cada miembro tiene aproximadamente tres.

Ascap apenas está iniciando la actividad de comercialización. Con los cultivos de caucho cada familia genera ingresos de hasta dos millones de pesos mensuales, a los tres años de haber cultivado. A través de la asesoría de organizaciones nacionales esta asociación tiene un convenio con la empresa antioqueña, Latexesport, que cada 15 días recoge el producto en la zona.

La materia prima es transportada hasta Medellín donde la transforman en guantes, cascos, accesorios, gafas de seguridad y botas, entre otros productos de línea doméstica e industrial.

Los caminos se empiezan a abrir para estos grupos que junto a sus familias ven un futuro promisorio.