Su experiencia en el portal web Rutas del Conflicto lo ha formado como un periodista de investigación con enfoque en narrar la desaparición forzada desde la mirada humana y las voces de los que la sufren. Juan Gómez, quien también es #AsociadoCdR, compartió algunas de sus opiniones sobre el tema a pocos días de ser expositor del XII #EpiCdR.

El periodismo para no olvidar y narrar la desaparición forzada

Rutas del Conflicto se convirtió en el espacio de crecimiento de estudiantes universitarios que hoy, como nuestro #AsociadoCdR, Juan Gómez, lograron especializarse en la narración periodística de la desaparición forzada.

 

Su participación en los libros “Yo sobreviví” y en los proyectos periodísticos “Ríos de vida y muerte” lo han hecho merecedor de algunas distinciones como ser nominado en la categoría joven periodista a los Data Journalism Awards, expositor y tallerista de reconocidos eventos a nivel nacional.

 

Narrar de forma adecuada la desaparición forzada desde el periodismo es uno de los intereses de Consejo de Redacción, y por eso, capacitar a través de expertos a nuestros asociados y participantes al Encuentro es una de las prioridades.

 

Por esto, “El periodismo investigativo en la búsqueda de los desaparecidos”, será uno de los conversatorios que tendremos en nuestro XII Encuentro de Periodismo de investigación, y en el cual nuestro #AsociadoCdR, Juan Gómez, compartirá junto al fotoperiodista, Max Cabello (Perú) y María Teresa Ronderos (Colombia) sobre esta realidad que toca directamente al país.

 

Consejo de Redacción habló con Juan Gómez sobre sus expectativas sobre el Encuentro y los retos al trabajar, desde el periodismo, en temas de desaparición forzada:

 

¿Qué precauciones debe tomar un periodista al empezar a trabajar en un tema de desaparición forzada?

 

Todas las precauciones posibles. No solo deberíamos acoger serios protocolos de seguridad física y emocional, avalados por profesionales y acordados con nuestras redacciones cuando contamos con alguna, sino también preocuparnos por contextualizarnos lo suficiente y de manera previa sobre el tema.

 

La desaparición en escenarios de conflicto armado, incluyendo la forzada, es un tema complejo que exige grandes exigencias para el periodista, siendo la desaparición de una persona uno de los peores dramas humanos.

 

Requerimos de exigencias emocionales, al vernos personalmente involucrados con estas historias cuando las indagamos; y exigencias laborales, por la cantidad de esfuerzo y de tiempo que demanda su cubrimiento responsable.

 

La desaparición no es un tema únicamente del pasado; siguen desapareciendo personas en el presente. Incorporar las medidas necesarias de autoprotección y de protección para nuestras fuentes es lo ideal. Asesorarnos con organizaciones que velen por la protección de la libertad de prensa y del trabajo de los reporteros(as) también es clave, así como lo es prever los riesgos a los que estaríamos expuestos a la hora de investigar uno de estos temas.

 

Hay colegas que en su búsqueda por la verdad han sido agredidos gravemente por aquellos interesados en que lo que ocurrió permanezca en el olvido.

 

Otras precauciones que deberían tenerse en cuenta son aquellas que se relacionan con el diálogo con los familiares y amigos que esperan a los desaparecidos: la idea es construir confianza y espacios seguros para hablar, con empatía; saber estar, escuchar y compartir, e involucrarse sin afán y con delicadeza, considerando sus sentimientos. Muchas de estas personas han sido revictimizadas y por años han cargado en soledad profundos dolores.

 

 

¿Cuál consideras que es el mayor dilema de las víctimas y cómo crees que desde el periodismo se puede trabajar en ello?

 

Hay un universo muy diverso de víctimas, pero coincido con varios colegas cuando dicen que estas son historias atravesadas por la incertidumbre. La angustia y el dolor de no conocer el paradero y lo ocurrido con un ser querido desaparecido son abrumadores. Al plantearnos el cubrimiento de estas historias, curiosamente, también nos enfrentamos a la misma incertidumbre. Cuando uno de nuestros ideales es perseguir la verdad, ¿con qué certeza buscas cuando no se tiene claro qué pasó, ni dónde? ¿Qué certeza hay cuando la verdad también está desaparecida?

 

Lidiando con la incertidumbre nos hemos preguntado por los rastros que dejaron los desaparecidos, por quiénes son, sus historias de vida y cómo estas pudieron relacionarse con su desaparición. También nos hemos propuesto conocer las experiencias de quienes los buscan, entre familiares, amigos, organizaciones sociales, funcionarios públicos y otros aliados que han atestiguado los hechos.

 

Dónde han buscado también ha sido una pregunta central: ¿qué historias nos cuentan los lugares, últimos testigos de las desapariciones? ¿Qué posibilidades hay allí de encontrarlos?

 

Varios colegas, en sus búsquedas contra la incertidumbre, también han encontrado enfoques interesantes que ayudan a trazar una ruta de comprensión y un hilo narrativo. Han asumido interrogantes como la manera en la que las mujeres, especialmente, se han convertido en activas buscadoras de verdad y justicia; cómo la innovación científica y tecnológica puede aportar para encontrar e identificar a los desaparecidos, o de qué manera el periodismo de datos puede aportar en la comprensión de la magnitud del horror y de su resistencia pacífica, entre otras miradas.

¿Por qué se debe integrar a las víctimas con la narración y la creación de sus propias historias?

 

Es la mínima retribución que podemos hacer cuando alguien está dispuesto a abrirnos su corazón a pesar del dolor. Romper el silencio, sacar del anonimato el dolor y hacerlo público, debería ser un ejercicio con garantías para las víctimas. Integrar su participación en la producción de las historias y acordarla previamente, puede ser una manera para acompañarlas en la resignificación de esos dolores.

 

Aunque algunos crean que esta es una responsabilidad que trasciende lo periodístico, yo pienso que como parte de una sociedad que le debe reconocimiento a las víctimas de desaparición forzada, desde el periodismo también podemos corresponder a esa deuda, además, nadie conoce y cuenta mejor estas historias que quienes las han vivido en carne propia.

 

Hacer memoria es un derecho de las víctimas y si en nuestras publicaciones podemos aportar al cumplimiento de ese derecho, no veo por qué no hacerlo, contrariamente creo que es a lo que deberíamos apuntarle. Para muchos familiares, el solo hecho de conversar sobre sus desaparecidos, de recordarlos en un ambiente de respeto, empatía y confianza, es una manera de reafirmar su existencia y su ausencia: de mantenerlos vivos.

 

 

Respecto al premio que recibió Rutas del Conflicto en los Data Journalism Awards 2017, ¿por qué usar los datos y la tecnología?

 

Hay muchas razones, pero en nuestro trabajo hemos encontrado en los datos y en la tecnología digital herramientas poderosas para contar historias.

 

Por un lado, el periodismo de datos nos permite organizar grandes volúmenes de información cuyo análisis nos lleva a desentrañar el comportamiento de un fenómeno complejo o las características de un tema determinado.

 

Y por el otro lado, la tecnología nos permite traducir toda esa información en imágenes de sencilla comprensión y en herramientas dinámicas, útiles para la consulta y la retroalimentación ciudadana. A fin de cuentas, detrás de los datos hay historias individuales que no deben perderse de vista. Por ello, a pesar de que sean muchos datos, es importante construir la información considerando la individualidad de cada uno y acompañarlos con otras estrategias narrativas que les den rostro.

 

¿Por qué crees que desde el periodismo se debe contar la desaparición forzada?

 

La desaparición forzada sigue siendo un tema sin mayor trascendencia en la agenda nacional, cuando en el país hay cantidades inverosímiles de desaparecidos que siguen alimentándose cada semana.

 

El periodismo tiene la responsabilidad de posicionar públicamente información relevante, como lo es la desaparición, y de hacer eco de las exigencias de verdad, justicia y memoria que nos hacen las víctimas, en su gran mayoría silenciadas. También tiene un margen grandísimo de acción, no solo para aportar en la dignificación de la memoria de los desaparecidos, el reconocimiento de sus buscadores(as) y la resignificación de sus lugares, sino también para ayudar conscientemente en su búsqueda.

 

¿Qué esperas aprender al ser expositor en el XII Encuentro de Periodismo de Investigación?

 

Actualmente hago parte de un equipo en el que buscamos, de la mano de CdR, construir una herramienta para contribuir a la reportería de estas historias de desaparición. Me gustaría aprender de la experiencia y de las recomendaciones de otros colegas para seguir sumando esfuerzos, particularmente en este, pero también en los demás temas de trabajo que nos trae esta versión del encuentro.

Seguramente será un espacio de productiva y necesaria reflexión, de autocrítica colectiva, sobre la manera en la que hacemos lo que hacemos.

Desde su inicio, el enfoque de Rutas del Conflicto apunta a narrar la desaparición forzada desde la voz de las víctimas.

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